Los bloques de carpe o haya común se almacenan en una sala cilíndrica bajo una presión de dos a tres atmósferas y una temperatura de 120ºC para ser vaporizados. de este modo se eliminan los inevitables fluidos, ácidos y hongos, y la madera se hace totalmente insensible a las variaciones de humedad y temperatura. De un bloque que pese 0,5 kg. por ejemplo, se eliminan unos 200 g. de agua. la fibra de la madera queda más apretada y se hace más elástica. Al clavar un clavo en madera vaporizada, la fibra se comprime. Al retirar el clavo, la fibra vuelve a su lugar.
Después de haberse realizado la vaporización, los dos extremos del bloque de madera se cubren con cera para permitir que el resto del líquido contenido en la madera se evapore por los laterales y no se produzcan grietas en los extremos. A continuación, empieza el secado natural, que se prolongará por un período de unos dos años. Aunque el grado de humedad de la madera disminuye al 16 o 18%, para poder continuar trabajándola de forma adecuada es necesario que ésta alcance un grado de humedad todavía menor, del 10 al 12%. El secado artificial en cámaras dura unas tres semanas, durante las cuales los bloques de madera reciben aire caliente con un aumento de temperatura gradual: en primer lugar a 20ºC, luego a 30-40ºC y finalmente a 50ºC. El grado de humedad de la madera se controla continuamente.
Ni el secado artificial ni el natural (mediante el almacenamiento en cobertizos) pueden ser acelerados en ningún caso. Si los bloques de madera llegan a la cámara demasiado pronto, la mayoría desarrollarán grietas o deformaciones, con lo que perderán la principal propiedad por la cual fueron elegidos. su elasticidad. Al finalizar esos años de preparación, el tarugo ya está a punto para la elaboración de las hormas de zapatos y es trasladado al taller.






En el taller, según la edad y el diámetro del árbol, de un bloque de madera de 30 a 32 cm de longitud se cortan de cuatro a seis tarugos del mismo tamaño, con los cuales se elaborarán de cuatro a seis hormas. La orientación longitudinal de la horma debe corresponderse con la orientación longitudinal de la fibra.
El hormero prácticamente puede ver la forma de la horma escondida en la madera. Al dar forma a cada segmento del bloque, con la sierra mecánica o a la usanza tradicional, con la podadera, el hormero se guía por la vista y su larga experiencia. De cada segmento surgirá una horma
La horma sólo puede cumplir su función de forma óptima, es decir, sólo puede producir zapatos de buena calidad, si se elabora con la mejor madera. Algunas partes del zapato, como por ejemplo la forma de la puntera y del contrafuerte del talón, sólo pueden trabajarse sobre una horma de madera dura pero suficientemente flexible. Para confeccionar hormas sólo puede utilizarse madera que sea resistente a las oscilaciones en el grado de humedad y a las diferencias de temperatura, así como a la gran presión, a los martillazos y a la fijación de clavos. Aunque el arce, el haya, el roble, el olmo y el nogal cumplen dichas condiciones, sólo resultan óptimos, y por tanto más rentables, el haya común y el carpe.









